domingo, 28 de febrero de 2016

Reseña: Far Cry Primal


Un cambio de ambientación salvaje (nunca mejor dicho) es el que ha experimentado la saga de mundo abierto de Ubisoft, para ofrecernos una nueva entrega que conserva tanto las bondades como los defectos de la franquicia Far Cry, con algunas suculentas novedades que pasamos a comentaros.

Far Cry Primal nos sitúa en la Edad de Piedra, 10.000 años antes de Cristo, y nos pondremos en la piel de Takkar, protagonista de la aventura y cazador de una tribu de Europa Central que un buen día es atacada por un gran felino dientes de sable. Como único superviviente del ataque, Takkar tendrá que viajar en solitario para formar su propia tribu, la cual tendrá que defender de otras tribus invasoras, y convertirse en el señor de las bestias. Una historia sencilla, que no deja de ser un mero hilo conductor a través del cual desbloquearemos todas las posibilidades de este gran juego.


Quien conozca la franquicia ya sabe lo que tiene por delante, capturar puestos para desbloquear viaje rápido, descubrir puntos de interés y cuevas donde encontrará tesoros y alguna que otra sorpresa, encuentros aleatorios, la caza, farmeo constante para crear y mejorar el equipo. Como novedades importantes tenemos el repertorio de armas que fabricaremos nosotros, como arcos, lanzas, garrotes, a los que además podremos prender fuego para ahuyentar a los depredadores. Nuevas habilidades como la doma de mascotas, y tendremos que encargarnos de ampliar nuestra aldea para aumentar la población de esta y acceder a más habilidades y desbloquear nuevas misiones. Como recompensa por el aumento de la población, los nuevos aldeanos se encargaran de recolectar materiales para nosotros a los que podremos acceder desde cualquier campamento.

El juego gráficamente luce fantástico, y las expresiones faciales e iluminación son un auténtico espectáculo. Si por el día predominan los tonos rojizos y ocre, cuando llega la noche el juego se transforma en un cuento de terror en el que los escenarios quedan envueltos en una oscuridad bañada por la luz de la luna y las hogueras, los animales más exóticos abandonan sus madrigueras, y abundan los depredadores, cuyos ojos brillan con un espeluznante fulgor amarillo.

Un punto “negativo” es que peca de ser demasiado continuista con respecto a las anteriores entregas. Es decir, no hay nada que nos sorprenda. ¿Es esto malo? Depende. Otro de los puntos débiles es el villano, que carece del carisma que si tenían los de las anteriores entregas, cuya historia estaba más elaborada.

En definitiva, pese a carecer de grandes novedades exceptuando la ambientación y el uso de las mascotas, resulta un juego francamente entretenido, con una gran cantidad de cosas por hacer, un apartado artístico genial y una jugabilidad muy pulida.


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